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Historia del castillo de La Calahorra

 

 

La historia del castillo de La Calahorra está  íntimamente unida a la de Don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza, el primer marqués de Cenete, a quien se debe su construcción y que fue uno de los precursores del Renacimiento italiano en España.

 

 Don Rodrigo Diaz de Vivar y Mendoza

 

Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza fue fruto de los amores ilegítimos del  Gran Cardenal Pedro González de Mendoza, el “tercer Rey de España”, y de Mencía de Lemos, dama de compañía de la Reina Juana de Portugal. La Reina Isabel, pese a ser muy estricta en cuanto a la moralidad de sus súbditos, perdonó este desliz de su más allegado consejero y puso al niño el sobrenombre de "su más bello pecado”.

Su nombre fue escogido en homenaje a  Rodrigo Díaz de Vivar (1043-1099), el célebre Cid Campeador (el “señor que gana batallas”), en quien se inspiró Corneille para escribir su tragicomedia el Cid, en 1637.

De genio vivo y violento, Don Rodrigo participó en la guerra de Granada a las órdenes del segundo Conde de Tendilla, especialmente en la toma de Baza (1489).

En 1492, se casó con Leonor de La Cerda, hija del duque de Medinaceli, y se instaló en Jadraque; tuvieron un hijo que murió prematuramente.

A la muerte de su padre, en 1495, Don Rodrigo heredó el castillo de La Calahorra. Esta imponente fortaleza medieval, aislada en un lugar inhóspito, fue construida por los Moros  (de ahí su apariencia exterior) convertidos al Cristianismo, y regalada posteriormente a la aristocracia local. Se piensa que sirvió de prisión durante la Reconquista – aún se pueden ver las celdas en el interior del castillo. En 1490, los Reyes Católicos se la regalaron al  Cardenal Mendoza por los servicios prestados y su lealtad.

Don Rodrigo era de naturaleza frívola, y tenía fama de mujeriego ; su esposa, cansada de sus infidelidades y muy afectada por la muerte de su hijo, murió de agotamiento en 1497.

Felizmente enviudado, Don Rodrigo viajó a Italia. Le arreglaron una relación con Lucrecia Borgia, hija del papa Alejandro IV, con quien no llegó a casarse.

Durante su estancia en Italia, frecuentó los ambientes literarios y artísticos de Génova y Florencia. Hombre de cultura y humanista hasta la médula, entabló una amistad con los Fedeli d’Amore, con quien compartía las ideas caballerescas heredadas de los Templarios -  la sociedad secreta de los Fedeli d'Amore, bajo los auspicios de Dante, aseguró la supervivencia de la Orden del Temple, en Italia, después de su disolución oficial, en 1312. Iniciado en esta orden por el mismísimo Sandro Botticelli, contribuirá más tarde a su desarrollo en la península Ibérica.

Poco después de su vuelta a España, se enamoró perdidamente de la bella María de Fonseca y quiso casarse con ella. Desgraciadamente, por oscuras razones de patrimonio y con la autorización de la monarquía española,  Don Alfonso de Fonseca proyectaba casar (a la fuerza) a su hija con uno de sus primos, por lo que rechazó esta unión. Haciendo caso omiso, Don Rodrigo se casó con María en secreto, con el consentimiento de la madre de ésta. Furiosa por este acto de desobediencia característico, La Reina Isabel anuló el matrimonio y encerró a Don Rodrigo en el castillo de  Cabezón.

A la muerte de Isabel, en 1504, fue liberado por Felipe el Hermoso, el nuevo rey de España. Aún locamente enamorado de María de Fonseca, llevó a cabo un plan para sacarla del convento en el que estaba recluida desde su separación. En 1506, se volvieron a casar en Jadraque, esta vez de manera oficial, y se instalaron en el castillo  de La Calahorra. Mencía, su primera hija, nació en 1508, y luego vino María, su segunda hija, dos años más tarde.

Entre 1509 y 1512, para comodidad de su esposa y sus hijas, Don Rodrigo hizo construir el magnífico palacio renacentista que se sitúa en el interior del castillo.  El proyecto se encargó a Lorenzo de Vázquez, arquitecto de la Casa Mendoza, y la decoración se confió a Michele Carlone, de Rovio, y a los escultores Egidio, Pietro y Giovanni de la Verda, de Gandria – la escalera que lleva a la galería superior está hecha en mármol de Carrara, directamente importado de Italia.

Más tarde, Don Rodrigo fue nombrado gobernador de Valencia, y se instaló definitivamente en esta ciudad donde murió el 22 de febrero de 1523. Su cuerpo descansa en el convento de Santo Domingo de Valencia.

De educación culta y refinada, la biblioteca de Don Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza poseía la nada despreciable cifra de 631 manuscritos, en 1523, algo excepcional para la época. En la encrucijada de dos mundos, apreciaba tanto la rusticidad de la Edad Media como el refinamiento del Renacimiento. Su castillo de La Calahorra refleja esta doble particularidad, a la vez medieval, masculino, en el exterior, y sensible, femenino, en el interior.

 

 

Genealogía

 

Rodrigo Díaz de Vivar y Mendoza

(1466 - 1523)

Primer Marqués de Cenete

 

Padres

 

Padre: Pedro González de Mendoza (1428 - 1495)

Arzobispo de Toledo y de Sevilla

 

Madre: Mencía de Lemos (1435)

 

Matrimonios

 

Matrimonio I: 1492

Con: Leonor de La Cerda

 

Matrimonio II: 1506

Con: María de Fonseca y Toledo

 

Hijos

 

Del Matrimonio II:

Mencía de Mendoza (1508 - 1554)

María de Mendoza (1510)

 

 

 

 

 

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